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Una pizca de Psicología: La Emoción Alegría (parte 2)

Otra vez la alegría, me he extendido tanto con ella que me he visto en la obligación de dividirla en dos partes, no porque considere que es la mejor emoción (que seguramente lo sea) sino porque no he querido resumir o eliminar aquellas cuestiones o matices que me han parecido muy interesantes, como el tipo de sonrisas.

¿Genética o aprendizaje? Cómo en todo lo que tiene que ver con el comportamiento humano (y animal) ambos. Algunos componentes de esta manifestación emocional son aprendidos y están cargados culturalmente (por ejemplo, la sonrisa fingida), y otros tienen una alta carga genética, como la sonrisa de un bebe cuando ve un rostro humano, la cual ejerce una poderosa atracción sobre el adulto induciéndolo a interactuar positivamente con él (su retirada le indicara también al adulto, que el niño está sobrecargado o que la interacción ya no es agradable).

Me parece importante comentar (pues en el anterior post lo mencioné pero quedó un poco escueto) como la alegría favorece la interacción de carácter amistoso e inhibe el comportamiento hostil de los demás hacia nosotros. También favorece nuestra disposición a desarrollar conductas prosociales, es decir, cooperar con los demás o prestar ayuda.

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La experiencia emocional subjetiva es experimentada como una vivencia placentera y de carácter reforzante. El sujeto se siente complacido, embargado por el júbilo, contento…, lo que da pie a una actitud optimista, favorece el incremento de la autoestima y la confianza en las propias capacidades.

La experiencia óptima o de flujo, también llamada autotélica o autogratificante, es una clase de vivencia que resulta tan enriquecedora y gozosa que aunque no tuviera ninguna consecuencia positiva para la persona, merece la pena en sí misma.

Se podrían resumir los cambios fisiológicos asociados en: disminución del tono muscular, movimientos paroxísticos del tronco y hombros, mayor frecuencia expiratoria, movimientos sacádicos de baja amplitud y alta frecuencia que se corresponden con el carcajeo (tienen su origen en las contracciones del diafragma y los abdominales); ligera aceleración de la frecuencia cardiaca, aumento de la presión sistólica y diastólica, y del volumen sanguíneo; también se dan fluctuaciones notorias en la actividad electrodérmica y se ha observado que puede motivar modificaciones endocrinas diversas (incremento de endorfinas), aunque aún está pendiente de contrastación empírica.

También, ocasionalmente, se puede producir una relajación momentánea del esfínter uretral (cuya consecuencia nos produce más risa) y la secreción más o menos profusa de lágrimas.

Los gestos faciales, tan fácilmente identificables son: elevación de los pómulos y estrechamiento de la apertura palpebral, elevación y retraimiento de la comisura labial y también se separan los labios.

A medida que la intensidad de la emoción se incrementa, la sonrisa se transforma en risa franca o carcajada y se acompaña de diversos cambios posturales (movimientos de extremidades, del trono, caída al suelo, búsqueda de apoyo, convulsiones o temblores…).

Su manifestación más típica es la sonrisa, que puede adoptar diversas formas: genuina, falsa y enmascaradora.

  • La sonrisa sentida, genuina o autentica acompaña al sentimiento de una emoción positiva. Implica la contracción de los músculos cigomático mayor, de la porción orbital del orbicular del parpado, lo que hace que se estiren los labios, se eleven las mejillas y se agoste la apertura de parpados. El gesto confluye con el sentimiento de alegría.
  • La sonrisa falsa o fingida es un gesto afectivamente vacío, que trata de aparentar un sentimiento positivo que realmente no está ocurriendo. Se simula experimentar alegría. Juega un papel clave en la interacción social, indicando aceptación, disposición para interactuar o para dar buena imagen de nosotros. La contracción muscular es menos intensa y la expresión del gesto menos marcada.
  • La sonrisa enmascarada o miserable se da cuando una persona está experimentando una emoción negativa (miedo, ansiedad, tristeza, ira…) e intenta ocultarla aparentando un sentimiento positivo. La persona, por cortesía, interés o vergüenza, no desea dejar traslucir su verdadera emoción.

Para aprender a identificarlas las dos sonrisas falsas hay que observar los ojos, pues hay una baja o nula activación del orbicular de los parpados, y también se observa asimetría en el rostro. La expresión emocional se desdibuja súbitamente o se manifiesta durante periodos de tiempos exageradamente largos. El gesto se construye de forma voluntaria.

Por último, sólo comentar como a veces la alegría puede perder su carácter adaptativo y en ocasiones se puede volver patológica. La hipomanía es la manifestación mas moderada y la manía, la más extrema.

Durante un episodio maníaco, se producen alteraciones cognitivas que se traducen en sentimientos de grandiosidad y exaltación de la propia estima. Las creencias delirantes representan una exageración de las capacidades y posibilidades reales del paciente.

Se reduce la necesidad de sueño y se manifiesta una marcada hiperactividad. El humor eufórico puede convertirse en irritabilidad, hostilidad y agresividad, y a veces se puede derivar en depresión.

Hasta pronto! Diana.

Imágen: KaitlynKalon


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