Aquí estoy con una más para la colección. En esta ocasión una cerveza Fischer Ambrée en botella de 66cl con tapón y no chapa como es lo habitual, por lo menos así lo es por España. Algo que me llamó la atención desde que llegó a mis manos, nunca había tomado una birra en este tipo de botellas y quería aprovechar para ver qué tal guarda el líquido este tipo de cierres, bebiéndomela de dos veces.

Un poco de historia
Estamos ante una cerveza de la zona Alsacia, Francia, frontera con Alemania y Suiza. Es la zona francesa con más tradición cervecera y que cuenta con un gran número de «Brasseries». Así de nombre se puede decir Kronenbourg, pero la que hoy toca, la Brasserie Fischer, está situada en Schiltigheim y con años a sus espaldas pues parece ser que se abrió en 1821.
Otra fecha destacable es el 96 cuándo la gigante y comercial Heineken se hizo con ella y aunque al principio esto no afecto, incluso al revés, facilitó mejores medios y materiales, a día de hoy desde el 2007 que fue integrada por completo en Heineken parece ser que si ha tenido algo de efecto negativo.
Como curiosidad comentar que de esta fábrica sale una cerveza que puede sea más conocida por los consumidores que la Fischer, la Desperados, cerveza aromatizada con tequila pero que nació en esta zona Francesa.
Cata Fischer Ambrée
Fue abrirla y petardazo tanto en ruido como en olor. Una «explosión» de gas a la que no estoy acostumbrado y un olor dulce dulce que anticipaba lo que iba a beber.
En copa es una cerveza color rojizo, tirando a un cobre muy característico, aunque en la foto se ve bastante más oscuro de lo que realmente es. La espuma pasa parecido, en la foto sale bastante blanca pero es más tirando a color vainilla, de pequeño tamaño pero muy duradera.

Como he comentado lo más destacable al olfato es el aroma dulzón que impregna la nariz al acercarte la copa, un olor a caramelo que va a influir mucho en el sorbo. Y es que no sólo es olor, al beber deja algo de sensación de picor al paso por boca para dejar un retrogusto muy similar a estar masticando un chicle. Vamos, algo así es lo que a mi me ha parecido.
No estoy acostumbrado a este tipo de cervezas tan dulces, no me llamaban mucho la atención y mi primer contacto con ellas a confirmado lo que me esperaba, prefiero otras. Es tan fuerte y destacable el olor y sabor dulce que «afecta» a toda la cata influyendo mucho en la percepción de otras cualidades. Para mi dejando un gusto dulce excesivo en boca.
Como dije más arriba el tapón me ha permitido no tener que beber el más de medio litro de una sentada. Mas o menos la mitad y la otra para otro día, así pude comprobar que el tapón no es mal invento dado que aunque no guardó ni mucho menos la fuerza que tenía el día que la abrí, si que permite conservarla y beberla días después.
Y confieso que fue este segundo día cuándo me «entró» mejor, será que ya sabía mi cuerpo qué era lo que se iba a encontrar.
Comentar que según la botella tiene un 6’3%, pero ni mucho menos se llega a notar ni en el sorbo ni en la estabilidad de uno. Será que tanto dulce enmascara todo lo demás. Así que si el dulzor es lo tuyo…
Una cerveza con características muy concretas que a lo mejor has tenido la oportunidad de probar. Me encantaría saber tu opinión sobre ella o en general sobre este tipo de cervezas. Y ya sabes lo que te suelo pedir al final de cada birra, ayudarme a compartirla por las redes sociales 😉









3 respuestas
muy buen analisis 🙂 y aportando un poco de historia. muchas gracias
A ti por pasarte por aquí y dejar un comentario.
A mi me ha gustado mucho, y el dulzor con el tostado me ha parecido delicioso, y aunque soy más de amargas, no me ha llegado a saturar. El segundo día la probé con un chorrito de zumo de limón, y así me pareció expectacular. Muy ligera y refrescante. Para un día de resaca.