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Una pizca de psicología: La emoción Ira (parte 1)

Después de venirnos arriba hablando de la alegría nos vamos al lado oscuro de las emociones con la ira, ansiedad, tristeza y hostilidad. Lo siento mucho pero forman parte del ser humano y son muy importantes para la vida.

De momento empezamos con la ira, sentimiento que emerge cuando una persona se ve sometida a situaciones que le producen frustración o que le resultan aversivas.



psicologia la emocion iraSea positivo o negativo, lo que es seguro es que es un proceso vigorizador que urge a la acción, interrumpiendo los procesos cognitivos que se hallan en curso y centrando la atención y la expresión de afectos negativos en el agente que la instiga. Actúa como defensa en situaciones que comprometen la integridad física o autoimagen y la propia estima.

Parece extraño decirlo pero no se debería considerar a la emoción ira de forma peyorativa como un afecto destructivo, es verdad que en determinadas situaciones sería conveniente de modular pero en ningún caso anular. Al igual que el asco o el miedo tienen su lado beneficioso y la alegría su lado negativo, la ira también tiene sus matices positivos e importantes para la supervivencia. Cómo me gusta darle la vuelta a lo que parece evidente pero esta es la realidad. Pocas emociones permiten emprender y mantener planes de acción con la intensidad y determinación con que lo hace la ira.

Es una de las emociones primarias que dota de energía y facilita las transacciones del sujeto con el medio. Este afecto no tiene porque ser sinónimo de hostilidad o de agresividad, aunque en muchas ocasiones pueden manifestarse simultáneamente, ninguno de ellos es condición necesaria ni suficiente para la ocurrencia de los otros dos.

Básicamente los desencadenantes de esta emoción son:

Situaciones aversivas, es decir experiencias desagradables o inductoras de dolor.

Situaciones que producen frustración, que en resumen se podría decir que son aquellas que dificultan el acceso a una meta.

En muchas ocasiones se da una discrepancia entre los sentimientos y los correlatos fisiológicos y conductuales asociados a la ira. Por lo general, las personas extrovertidas experimentan menos sentimientos de ira que los introvertidos, pero sin embargo, muestran un alto nivel de activación fisiológica y conductual. Podría ser porque el rechazo de experiencias negativas permitiría a los extrovertidos preservar su estado de bienestar subjetivo.



Una alta inestabilidad emocional (neuroticismo) lleva a experimentar ira de forma más frecuente e intensa de lo que se debería. Las personas con alta autoestima pero a la vez con alto narcisismo son más proclives a la cólera, y para proteger su autoestima se encolerizan fácilmente. Y sin embargo, las personas con alta autoestima y bajo narcisismo tienen una visión mucho más realista de sus cualidades positivas, lo que los hace sentirse menos amenazados y frustrados por las valoraciones de los otros, y por eso tienen menos predisposición a experimentar ira.

No siempre la ira está culturalmente sancionada, de hecho en todas las sociedades se acepta la expresión normalizada y constructiva de la misma, incluso en muchas ocasiones se asocia con el éxito académico, profesional y social. En las llamadas sociedades individualistas, como la norteamericana, en donde se potencia la expresión de las emociones y la defensa de los propios intereses, la manifestación de la ira es mucho mayor que en culturas colectivistas (un claro ejemplo es Japón) en las cuales prima el mantenimiento de la armonía grupal y las normas sociales, lo que fuerza el autocontrol de la cólera animando a minimizar la expresión abierta de las emociones.

Lo que esta claro es que los sentimientos de ira modulan nuestra conducta interpersonal, y que a través de los agentes de socialización (los padres, amigos…) y del contexto cultural, se regulariza su expresión al interaccionar con otros.

Voy a resumir en pocas palabras el procesamiento cognitivo que tiene lugar cuando aparece la emoción ira para hacer frente a un estímulo instigador. En primer lugar hay que decir que la situación tiene connotaciones desagradables para la persona, la cual se puede sentir trastornada, alienada, descompensada o incluso fuera de sí; entre otras razones porque se plantea de forma súbita y sorprendente y porque, en principio, el suceso tiene gran trascendencia para el individuo. La capacidad de impresionar está determinada, en cierta medida, por la poca capacidad para anticipar la ocurrencia de esta situación, son contingencias poco predecibles, y por el bajo nivel de control que tendríamos sobre ellas, lo cual genera indefensión.

A pesar de ser un evento sorpresivo, por lo general, no los son sus consecuencias. El suceso demanda actuación urgente, la persona valora la posibilidad de afrontarlo, identifica a otro individuo como la causa, y le atribuye mala intencionalidad y premeditación. Se podría decir que la ira solo emerge si tras la valoración creemos que podemos ejercer un grado de control alto sobre las consecuencias del acontecimiento, es decir, el poder o capacidad para afrontarlas y para acomodarnos a la nueva situación que generen. Y como se ha comentado anteriormente, las actuaciones y manifestación explicita de este estado emocional estará modulado por las normas sociales y éticas al uso, por la opinión y expectativas de otras personas significativas, y también claro está, por las normas propias del sujeto.

Hasta aquí por hoy, la semana que viene continuaré con la energética emoción ira.

Hasta pronto! Diana.

Imagen: Ferran Jordá

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Un comentario

  1. El enfado es una emoción normal en todos los seres humanos, el problema de la ira es que tiene tintes violentos y repentinos que son difíciles de manejar. Gracias y un saludo.

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